EL SANTO DESEO

Da rienda suelta a tu deseo de Dios; El amor más deseable que la vida en este mundo. Déjate ser barro en sus manos, confiando en su voluntad para ti, ya sea en la desgracia o el honor. Cada deseo debe ser perfeccionado al ser consumido en el fuego del amor de Dios y el deseo de agradar a Dios debe estar por encima de todos los demás.

¿Cuándo estaremos muertos para todas las cosas para que podamos vivir solo para Dios? Ah! sí, ¿cuándo llegará ese momento? ¡O preciosa muerte! más deseable que la vida; ¡muerte que a través del amor, nos transforma en Dios! San Juan Crisóstomo dijo: Silentium, quod lutem prabet figulo, idem ipse prabe conditori tuo. ¡O, qué frase! Él decía: "Como el barro está en silencio en las manos del alfarero, tú también debes estar en silencio en las manos de tu Creador". La arcilla permanece en silencio, ya sea que el alfarero la convierta en una vasija de honor o de ignominia; ya sea que la rompa o la arroje a la basura; se contenta con ser descartada o ser colocada en una galería de arte. Graba esta enseñanza en tu memoria.

Incluso los deseos más santos, ya sea que se refieran a la salvación de las almas o las necesidades de la Iglesia, que son muy grandes, deben consumirse en el fuego del amor de Dios, de donde proceden y esperan el tiempo de Dios para su cumplimiento. Mientras tanto, cultiva un solo deseo, el más perfecto de todos; es decir, agradar a Dios cada vez más y alimentarte con su voluntad.




(San Pablo de la Cruz)
Lunes 13 de Enero del 2020

SEÑOR, ¡QUÉ HONOR NOS HACES AL LLAMARNOS A ADORARTE!

Dios mío, ¡qué honor nos has hecho al llamarnos a adorarte! Danos la gracia para corresponder a este llamado. Te lo pedimos a través de la mediación de tu Santísima Madre, para que podamos saber cumplir fielmente el endeudamiento de adorarte. Adorarte en espíritu y en verdad, con todo nuestro ser; inmolados a tu grandeza todo lo que somos.

Para adorar continuamente no es necesario decir: "Dios mío, te adoro". Basta con atender interiormente a Dios, quien está presente. Debemos mantener un profundo respeto por la reverencia de Su grandeza, creyendo que Él está en nosotros como Él realmente es. Es por lo tanto, en la intimidad de tu alma, donde mora el Dios de la majestad, que debes adorar continuamente.
Imagina que Él te dice interiormente: Siempre estoy en ti. Permanece en mí, piensa en Mí y pensaré en ti, y me encargaré de todo lo demás. De vez en cuando, coloca tu mano sobre tu corazón, diciéndote a ti mismo: Dios está en mí. Y Él está aquí no solo para sostener mi vida física, como criatura irracional, sino que está aquí actuando y operando, para elevarme a la perfección más alta, si no pongo obstáculos en el camino de Su gracia.

Mantente totalmente a mi disposición, como yo estoy a tu disposición; no vivas separado de mí, dice el Señor. Como dice la Escritura: “el que come de mí, vivirá por mí; Él morará en mí, y yo en él "(Juan 6:58 y 6:57). ¡Felices aquellos que entienden estas palabras y que adoran en espíritu y en verdad al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo! Si deseamos vivir el misterio de la Epifanía, también son felices los que adoran al Niño Jesús en Su sagrado nacimiento junto con los santos Magos.


¡Santa Epifanía!


Lunes 05 de Enero del 2020
(Face of Christ)

MARIA, MADRE DE DIOS Y MADRE NUESTRA

Ella solo puede adorar en silencio

María ha concebido al Hijo de Dios; Dios está en su vientre en medio del mundo; El útero de María, rigurosamente hablando, es el centro del universo creado, y ella solo puede adorar en silencio los hechos y la presencia de Dios dentro de ella. Ser la Madre de Dios es una realidad que llena toda la gama de potencialidades humanas, tanto; que su quietud y silencio perfectos son densos por ser de una manera que ningún acto o palabras serian. Su adoración y acción de gracias no permiten tiempo para palabras o acciones externas. Su atención y toda su energía se consumen hacia la quietud y la humildad de este Dios disminuido que habita en ella. 

María, agobiada con su carga, habiendo concebido por el Espíritu Santo, se retiró lejos de la vista de los hombres, en las profundidades del oratorio subterráneo, como la paloma en el cántico que vuela hacia la hendidura en la roca. Ella no se mueve, no dice una palabra, solo adora.

Ella esta entre el mundo, porque su Dios ya no está afuera. ¡Él es su ocupación, su hijo, su amor y el fruto de su vientre!

La Theotokos, la Portadora de la Vida, ella es todo esplendor silencioso, el Arca viva del Nuevo Pacto que contiene el maná eucarístico de Dios en la carne.




María Madre de Dios
(Erasmo Merikakis) 01 de Enero del 2020

JESÚS YACE EN EL PESEBRE, LLEVANDO LAS RIENDAS DEL MUNDO

«Es la misma humildad la que da en rostro a los paganos. Por eso nos insultan y dicen: ¿Qué Dios es ése que adoráis vosotros, un Dios que ha nacido? ¿Qué Dios adoráis vosotros, un Dios que ha sido crucificado? La humildad de Cristo desagrada a los soberbios; pero si a ti, cristiano, te agrada, imítala; si le imitas, no te sentirás cansado, porque Él dijo: Venid a mí todos los que estáis cargados»





Navidad del 25 de Diciembre año 2019
*(San Agustin)

JESÚS ES MI ALIMENTO Y YO SOY EL SUYO.

¿Tu corazón se siente endurecido e incapaz de rezar? No te angusties. Déjate descansar en Él aunque tu alma esté inquieta. Porque en tus profundidades tiene lugar la operación más dulce y divina. Dios se nutre de tu espíritu y tu espíritu se sustenta en el Espíritu de Dios. Esta morada y abrazo mutuos del amor no depende de tus sentimientos.

La oración nunca es más perfecta que cuando asciende desde la profundidad y esencia del alma; oramos, entonces, en el espíritu de Dios. Este es un lenguaje sublime, pero cuando Dios quiere, incluso las piedras hablan. Deja que el Soberano Dios reine en tu espíritu; allí debería haber un descanso recíproco: Dios en ti y tú en Dios. ¡Oh dulce, oh divina operación! Dios se alimenta a sí mismo, déjame decirte por falta de una palabra mejor: Dios se alimenta de ti mismo con tu espíritu, y tu espíritu se sostiene a sí mismo con el Espíritu de Dios: Jesús es mi alimento, y yo soy el suyo. No hay ilusión posible en esta operación, porque es un trabajo de fe y amor.




San pablo de la cruz
Viernes 13 de Diciembre del 2019

VIRGEN INMACULADA, MADRE NUESTRA

Santa María, Madre de Dios, te abro la puerta de mi corazón y te doy la bienvenida a cada parte de mi vida. Entra, brilla con tu brillo inmaculado en cada rincón oscuro; deja que la fragancia de tu pureza disipe los vapores fétidos de mis pecados; cambialos por charcos de dulzura, los charcos de amargura que durante tanto tiempo han envenenado los lugares profundos de mi corazón. 

Demasiado tiempo he tratado de vivir sin tu belleza virginal para llenar mis ojos, sin tu solicitud maternal, para limpiar mis lágrimas, y sin tu buen consejo para guiarme en el camino de la paz. Permanece conmigo, Oh Inmaculada Concepción, Oh Reina asunta al cielo -Oh Alegría de todos– Oh Dolor quiero tener para que pueda comenzar por fin a no preferir nada en absoluto al amor de Cristo. A gastarme en adoración de Su Sacratísimo Cuerpo, y para encontrar en toda esa obediencia, me pide la voluntad de Aquel que en su inescrutable sabiduría y misericordia inagotable me ha llamado a esta vida, en este lugar que te pertenece, con tus hijos; hermanos que has elegido para mí. Y para todos nosotros, muéstrate siempre como una Madre, y a la hora de nuestra muerte sé para nosotros el consuelo final de la vida y la puerta abierta del cielo. Amén.




La Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María.
Domingo 8 de Diciembre del 2019
(Escrita por un monje)

DESNÚDATE PARA VESTIRTE YO

Desnúdate para vestirte Yo, que visto y adorno a los pobres de espíritu con las joyas que los hacen agradables a mis ojos, ¡y no te puedes imaginar su belleza!

Quiero que subas hoy un escalón que sirve maravillosamente para lo que pretendes, se llama esta virtud: INDIFERENCIA.

Te quiero indiferente a todo lo que no sea Yo, o mis complacencias, que igual estés en el cielo o en un agujero...

Quiero me dijo Jesús, que poseas la virtud de la paciencia. Y con estas luchas la ejercitarás, pues nada es más difícil que la paciencia contigo misma.

Tu vida material es mía, pero en tu vida de la gracia hay algo que no es mío, y es tu libertad; esa VIDA TUYA es la que libremente debes dar a tu VERBO.

Búscame siempre; me gusta que me busques, porque esta pena me prueba el amor, y si vieras que poco amor encuentro en los corazones, en el mundo, en los míos.

No me busques en las criaturas, ni en la disipación; búscame en el santuario de tu alma, en el retiro y en la soledad de tu corazón.

Descansa en Mí, que aunque no me veas, Yo nunca abandono lo que es mío.




Beata Concepción Cabrera de Armida
Sábado 16 de Noviembre del 2019

MI CORAZÓN ES TU TABERNÁCULO

Busca siempre prepararte para recibir al Señor con un corazón puro y deja que los sentimientos de amor toquen todo lo que haces durante el día. Conviértete en un tabernáculo vivo para Cristo y en las pruebas y dificultades del día permítete descansar en el seno de su Amor celestial.

Te exhorto, aunque vivas en el mundo, a comunicarte a menudo, pero con piedad. La Sagrada Comunión es el medio más eficaz para unirse a Dios. Siempre prepárate bien para este banquete sagrado. Ten un corazón muy puro y cuida tu lengua, porque es sobre la lengua donde se coloca la Sagrada Hostia. Lleva a Nuestro Señor a casa contigo después de tu acción de gracias, y deja que tu corazón sea un tabernáculo vivo para Jesús. Visítalo a menudo en tu tabernáculo interior, ofreciéndole honor y los sentimientos de gratitud con los que te inspirará el amor divino.

Resguarda cuidadosamente los sentimientos de amor con los que está lleno después de la comunión. No podrías amar a Jesús si no gozarás de la fuente viva del amor santo y puro, es decir, el Espíritu Santo. Nuestro divino Redentor dijo:

"El que cree en Mí, como ha dicho la Escritura: 'De lo más profundo de su ser brotarán ríos de agua viva.' (Juan 7:38)

Esto lo dijo del espíritu que deberían recibir los que creyeran en él. Por lo tanto, cuando Dios enciende en ti las llamas del amor divino, santo, puro y sin mancha, déjate desaparecer en el bien infinito y, como un bebé, duerme el sueño de la fe y el amor en el seno de tu Amado Celestial.




San Pablo de La Cruz
Jueves 07 de Noviembre del 2019

«YO SOY EL SEÑOR TU DIOS»

«Estad quietos, y conoced que Yo Soy Dios» (Salmo 46:10)


Que otros sirvan a Dios, ustedes deben unirse a él. Que otros crean, conozcan, amen y veneren a Dios; ustedes deben saborearle, aprehenderle, compenetrarse con él, gozarle. Cosa grande y sublime es ésta, sin duda; pero poderoso y bueno es el que está con ustedes como bondadoso prometedor, fiel remunerador y protector infatigable. Él mismo concede la firmeza y el deseo conjuntamente a quienes por su amor emprender grandes cosas, y con fe y confianza en su gracia, asumen tareas que superan sus fuerzas.



Guillermo de Saint – Thierry
Viernes 18 de Octubre del 2019

¡MUCHOS ROSARIOS!

Cuando la Santísima Virgen María apareció en Fátima en 1917, dijo que el pequeño Francisco, que entonces tenía nueve años, iría al cielo, pero que primero tendría que rezar muchos rosarios. Después de eso, a menudo se veía al niño rezando el Rosario intensamente. Lo que me intriga es la insistencia de Nuestra Señora en - casi dudo en decirlo - ¡cantidad! ¡Muchos rosarios!

Hay algo que decir para perseverar en rezar década tras década, y Rosario tras Rosario. Cuando uno no puede rezar bien, al menos debe rezar mucho. "Y él les contó una parábola, en el sentido de que siempre debían rezar y no desanimarse" (Lc 18, 1). Quien reza  Rosario tras rosario está, en efecto, ofreciendo a Dios la materia prima de la oración, confiando en que Él, en su propio tiempo, le prenderá fuego con el fuego del Espíritu Santo.

Quién reza “muchos rosarios” le presenta a Dios una señal conmovedora del deseo ardiente de hacerse digno de la gracia inestimable de la oración incesante. A veces, lo mejor que se puede hacer es rezar mucho, pidiéndole a la Madre de Dios, todopoderosa en su súplica, que obtenga que el Espíritu Santo puede transformar la pura materialidad de las oraciones en "adoración en espíritu y en verdad "(Jn 4:24) que el Padre busca.

El rosario de los santos 

El beato Juan XXIII rezó todos los quince misterios del rosario todos los días. También lo hizo el Siervo de Dios, el Padre Marie – Joseph Lagrange, OP, distinguido exegeta y fundador de la École Biblique de Jerusalén. San Pío de Pietrelcina rezó el Rosario sin cesar, al igual que San Gaetano Catanoso, el humilde Apóstol de la Santa Faz. Toda la vida de San Juan Pablo II estuvo imbuida del Santo Rosario.

Los santos derriban nuestras coartadas: “No tengo tiempo; Estoy demasiado ocupado”. ¿Entonces estás más ocupado que Juan XXIII, Padre Pío o Juan Pablo II? Hay una sabiduría comprobada al comenzar el primer Rosario del día antes de levantarse por la mañana. Ese primer rosario despierta el tono para el resto del día. El Rosario, rezado en momentos libres durante todo el día y nuevamente al final del día, se convierte, casi imperceptiblemente, en una forma de oración incesante.

Quién "reza muchos rosarios", como lo hizo el beato Francisco de Fátima, vendrá rápidamente a vivir en María y con María. María se convertirá para esa alma, como dice Gerard Manley Hopkins, "como el aire que respiramos". Y dónde está María, el Espíritu Santo desciende poderosamente para sanar, liberar del pecado, glorificar a Cristo y escondernos con Cristo y con su madre en el seno del padre.

Las palabras de Nuestra Señora, de que Francisco tendría que decir "muchos rosarios" antes de ir al cielo, han dado lugar a todo tipo de interpretaciones, algunas de las cuales ensombrecen al pequeño niño de nueve años. El especialista y autor de Fátima, Leo Madigan, ofrece la explicación más clara y sensata. Él escribe que "Francisco iría al cielo, pero había tiempo para muchos rosarios antes de que eso sucediera". Las palabras de Nuestra Señora no contenían una amenaza velada, ni una advertencia ominosa. Ella le habló a Francisco como madre. Mientras esperaba para ir al cielo, tuvo tiempo de rezar muchos rosarios. Para Francisco, ese conocimiento fue un regalo y una alegría. Francisco murió, después de rezar sus "muchos rosarios", el 4 de abril de 1919.



Nuestra Señora del Rosario.
Lunes 07 de Octubre del 2019

CONTEMPLO TU MORADA

DESDE este valle de lágrimas, fija continuamente tu mirada hacia Dios, esperando siempre el momento en que te unirás a Él en el cielo. A menudo contempla el cielo y exclama fervientemente: ¡Qué hermosa morada hay arriba! ¡Está destinada para nosotros! Suspira ansiosamente después de su poderío. A veces di, mientras tus ojos están húmedos de lágrimas: nada en este mundo me agrada; ya no me importa nada más que mi Dios. Sí, espero, sí, deseo poseerlo, y espero por la misericordia de Dios, a través de los méritos de la Pasión de mi Salvador y los dolores de mi buena Madre, la Virgen María.




~San Pablo de la Cruz~
Lunes, 16 de Septiembre del 2019

"LA LOCURA DE LA CRUZ"

¿ESTÁN LOS CRISTIANOS LLAMADOS A GANAR?

"El mundo con su propia sabiduría no reconoció a Dios en la sabiduría manifestada por Dios en sus obras. Por eso Dios ha preferido salvar a los creyentes por medio de una doctrina que parece una locura." (1 Corintios 1:21) “Los judíos piden señales y los griegos buscan saber, nosotros predicamos un Cristo crucificado, escándalo para los judíos, locura para los paganos, en cambio para los llamados, lo mismo judíos que griegos, un Mesías que es portento de Dios y sabiduría de Dios: porque la locura de Dios es más sabia que los hombres y la debilidad de Dios más potente que los hombres” (1 Cor 22).

El evangelio y la derrota.

Como católicos, debemos responder con un rotundo No. En ninguna parte de las escrituras hay alguna referencia a "ganar". Todo lo contrario. Una y otra vez, estamos llamados a morir, a llevar nuestras cruces. Estamos llamados a dar muerte al hombre viejo y caminar en la vida del Espíritu Santo. Se nos dice que los pobres de espíritu y los que sufren son bendecidos. Se nos dice que los marginados, despreciados y quebrantados de este mundo heredarán el reino de los cielos. El primero será el último. Los pobres serán ricos. Los humildes serán exaltados. Los más grandes son los que sirven.

A lo largo del ministerio de Jesús, sus discípulos querían ser ganadores. Querían ser los primeros. Claro, dejaron todo atrás para seguir a Cristo, pero también esperaban una gran recompensa, un lugar alto en su reino mesiánico terrenal que pronto sería anunciado. Tan intenso era su celo por la exaltación terrenal que estaban constantemente discutiendo sobre quién obtendría el lugar más alto. El primer lugar. Y cada vez que Jesús hablaba de su destino, la muerte en la cruz, lo reprendían y le decían que eso no podía, no podía, sucederle a Él. El triunfo terrenal era lo único en sus mentes.

Pero entonces sucedió lo impensable. Su Mesías fue arrestado, golpeado hasta la pulpa, burlado y crucificado junto a criminales comunes y corrientes. Estaban estupefactos, ¡estupefactos! ¿Cómo podría ser esto? El Mesías debía pisotear a sus enemigos, ¡pero ahora sus enemigos lo clavaron en una cruz! Su Mesías, su Dios, fue completamente derrotado, totalmente avergonzado ante los ojos del mundo. Aún no sabían que servían a un Dios que se vaciaba a sí mismo, un Dios que no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos.

Un paradigma invertido 

El Evangelio es simplemente la inversión de todos los valores humanos. Se trata de las prioridades del orgullo de cabeza y hacia dentro. Solo abrazando la muerte y la derrota, el camino de la cruz, podemos entrar en el gozo de la vida eterna.

El evangelismo americanizado de la prosperidad y la victoria en esta tierra es ajeno al cristianismo histórico y la fe de los apóstoles. Tal evangelio no tiene sentido en la ardiente fragua de los campos de concentración y prisioneros. Lugares donde se hacen los santos. Lo cual no es más que una burla cruel a un mártir que está siendo torturado y asesinado en imitación de su Señor crucificado. Y tal evangelio sería irreconocible para los cristianos de las catacumbas que fueron a cantar alegremente cuando los llevaban a ser triturados por los leones. El enigma misterioso de la cruz sólo Dios lo entiende. Y los Santos, en la medida que él les concede. Por cierto, a Jesús lo crucificaron los romanos instigados por las autoridades religiosas de los judíos. Este falso evangelio para muchos, no es más que una mentira superficial y no importa cuán agradable pueda sonar.

"Porque el lenguaje de la cruz es una locura para los que se pierden; pero para nosotros, que nos salvamos, es poder de Dios." (1 de Corintios 1:18)

La cruz es el camino de la alegría

El mundo nunca es amigo del verdadero cristianismo. El amor vino al mundo, y el amor fue crucificado por el mundo. Si queremos seguir a Cristo, debemos estar preparados para la derrota, porque estamos llamados a seguir a un Señor que enfrentó la derrota definitiva — la vergüenza y la ignominia de la cruz. El siervo no es mayor que su amo.

Eso no quiere decir que la vida cristiana sea de miseria y tristeza, ni significa que debamos buscar persecuciones o sufrir un complejo de víctimas. Lejos de ahí, descubriremos que hay una tremenda alegría en el camino de la pequeñez y la humildad que sigue a Cristo. Innumerables mártires, confesores y santos en medio de mucho sufrimiento son testigos de este hecho. Y esta alegría es mucho más satisfactoria y duradera que la alegría que ofrecen las insignificantes promesas del mundo.

El "cristianismo" de este mundo predica el éxito, la victoria, la prosperidad, la fe sin obras, y la gloria. Y los que siguen "ese evangelio", tal vez tienen su recompensa, pero en cuanto a nosotros, digamos como San Pablo: «¡Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo!» (Gal 6,14). «Me glorío en mis debilidades... en las persecuciones padecidas por Cristo» (2 Cor 12,9).




Exaltación de la Santa Cruz
Sábado, 14 de Septiembre del 2019

PARA MI LA VIDA ES CRISTO, Y LA MUERTE UNA GANANCIA

Muchas son las olas que nos ponen en peligro, y una gran tempestad nos amenaza: sin embargo, no tememos ser sumergidos porque permanecemos de pie sobre la roca. Aun cuando el mar se desate, no romperá esta roca; aunque se levanten las olas, nada podrán contra la barca de Jesús. Decidme, ¿qué podemos temer? ¿La muerte? Para mí la vida es Cristo, y la muerte una ganancia. ¿El destierro? Del Señor es la tierra y cuanto la llena. ¿La confiscación de los bienes? Nada trajimos al mundo; de modo que nada podemos llevarnos de él. Yo me río de todo lo que es temible en este mundo y de sus bienes. No temo la muerte ni envidio las riquezas. No tengo deseos de vivir, si no es para vuestro bien espiritual. Por eso, os hablo de lo que sucede ahora exhortando vuestra caridad a la confianza.

¿No has oído aquella palabra del Señor: Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos? Y allí donde un pueblo numeroso esté reunido por los lazos de la caridad ¿no estará presente el Señor? Él me ha garantizado su protección, no es en mis fuerzas que me apoyo. Tengo en mis manos su palabra escrita. Éste es mi báculo, ésta es mi seguridad, éste es mi puerto tranquilo. Aunque se turbe el mundo entero, yo leo esta palabra escrita que llevo conmigo, porque ella es mi muro y mi defensa. ¿Qué es lo que ella me dice? Yo estaré siempre con vosotros hasta el fin del mundo.

Cristo está conmigo, ¿qué puedo temer? Que vengan a asaltarme las olas del mar y la ira de los poderosos; todo eso no pesa más que una tela de araña. Si no me hubiese retenido el amor que os tengo, no hubiese esperado a mañana para marcharme. En toda ocasión yo digo: «Señor, hágase tu voluntad: no lo que quiere éste o aquél, sino lo que tú quieres que haga.» Éste es mi alcázar, ésta es mi roca inamovible, éste es mi báculo seguro. Si esto es lo que quiere Dios, que así se haga. Si quiere que me quede aquí, le doy gracias. En cualquier lugar donde me mande, le doy gracias también.

Además, donde yo esté estaréis también vosotros, donde estéis vosotros estaré también yo: formamos todos un solo cuerpo, y el cuerpo no puede separarse de la cabeza, ni la cabeza del cuerpo. Aunque estemos separados en cuanto al lugar, permanecemos unidos por la caridad, y ni la misma muerte será capaz de desunirnos. Porque, aunque muera mi cuerpo, mi espíritu vivirá y no echará en olvido a su pueblo.

Vosotros sois mis conciudadanos, mis padres, mis hermanos, mis hijos, mis miembros, mi cuerpo y mi luz, una luz más agradable que esta luz material. Porque, para mí, ninguna luz es mejor que la de vuestra caridad. La luz material me es útil en la vida presente, pero vuestra caridad es la que va preparando mi corona para el futuro.




De las homilías de san Juan Crisóstomo, obispo
(homilía antes de partir en exilio, 1-3: PG 52, 427-430)
Viernes, 13 de Septiembre del 2019

VITA VESTRA EST ABSCONDITA CUM CHRISTO UN DEO

Vuestra vida está escondida ahora con Cristo en Dios. (Colosenses 3:3)

Algunos están llamados a no hablar mucho, ni a conversaciones sobre la Iglesia, sino, más bien, a un silencio profundo y a una vida oculta en el corazón de la Iglesia, lejos de hablar en lenguajes, de especulaciones y discordias.

Estas almas Nuestro Señor llama al silencio para ser como Él en el Sacramento de Su Amor. A estos los llama a esconderse incluso cuando está escondido en sus tabernáculos.


Esta es la esencia de una vida monástica eucarística: no para ser visto, sino para permanecer oculto; No hablar mucho, sino entrar en el silencio de la Hostia..

Es suficiente que Él vea tales almas. Es suficiente que puedan conversar con Él en cualquier momento, derramando libre y espontáneamente sus corazones en Su Corazón.

Buscando silencio, tales almas encontrarán la Palabra. Buscando el ocultamiento, brillarán con el esplendor de su rostro.




Lunes, 09 de Septiembre del 2019

¡OH ETERNA VERDAD, VERDADERA CARIDAD Y CARA ETERNIDAD!

Habiéndome convencido de que debía volver a mí mismo, penetré en mi interior, siendo tú mi guía, y ello me fue posible porque tú, Señor, me socorriste. Entré, y vi con los ojos de mi alma, de un modo u otro, por encima de la capacidad de estos mismos ojos, por encima de mi mente, una luz inconmutable; no esta luz ordinaria y visible a cualquier hombre, por intensa y clara que fuese y que lo llenara todo con su magnitud. Se trataba de una luz completamente distinta. Ni estaba por encima de mi mente, como el aceite sobre el agua o como el cielo sobre la tierra, sino que estaba en lo más alto, ya que ella fue quien me hizo, y yo estaba en lo más bajo, porque fui hecho por ella. La conoce el que conoce la verdad.

¡Oh eterna verdad, verdadera caridad y cara eternidad! Tú eres mi Dios, por ti suspiro día y noche. Y, cuando te conocí por vez primera, fuiste tú quien me elevó hacia ti, para hacerme ver que había algo que ver y que yo no era aún capaz de verlo. Y fortaleciste la debilidad de mi mirada irradiando con fuerza sobre mí, y me estremecí de amor y de temor; y me di cuenta de la gran distancia que me separaba de ti, por la gran desemejanza que hay entre tú y yo, como si oyera tu voz que me decía desde arriba: «Soy alimento de adultos: crece, y podrás comerme. Y no me transformarás en substancia tuya, como sucede con la comida corporal, sino que tú te transformarás en mí».

Y yo buscaba el camino para adquirir un vigor que me hiciera capaz de gozar de ti, y no lo encontraba, hasta que me abracé al mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús, el que está por encima de todo, Dios bendito por los siglos, que me llamaba y me decía: Yo soy el camino de la verdad, y la vida, y el que mezcla aquel alimento, que yo no podía asimilar, con la carne, ya que la Palabra se hizo carne, para que, en atención a nuestro estado de infancia, se convirtiera en leche tu sabiduría por la que creaste todas las cosas.

¡Tarde te amé, Hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por fuera te buscaba; y, deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste. Tú estabas conmigo, mas yo no estaba contigo. Reteníanme lejos de tí aquellas cosas que, si no estuviesen en ti, no existirían. Me llamaste y clamaste, y quebrantaste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera; exhalaste tu perfume, y lo aspiré, y ahora te anhelo; gusté de ti, y ahora siento hambre y sed de ti; me tocaste, y deseé con ansia la paz que procede de ti.



Del libro de las Confesiones de san Agustín, obispo. (Libro 7,10.18,27)
Agosto 28 del 2019

JESÚS EUCARISTÍA, JESÚS MI AMOR

"Quisiera que tu vida fuera mi única regla. Tu amor Eucarístico, mi único alimento. Tu Evangelio, mi único estudio. To Amor, mi única razón de vivir, si vivir pudiera sin amarte. Quisiera morir de amor, ya que solo de amor vivir no puedo."




San Rafael Arnaiz.
Jueves, 22 de Agosto del 2019

NO TENGAS MIEDO AL PENSAR EN LA CRUZ

Hija, no te he tomado vanamente. Sabías lo que estabas haciendo cuando te entregaste a mí para la santificación de mis sacerdotes y la reparación de los pecados. "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame." Debo poder contar contigo para "echar" demonios.  “Para liberar cautivos." Hay demonios que solo son expulsados por el ayuno y la oración.

Cuento contigo para dar mi vida a todos los que te rodean, y para darles en abundancia. Es por medio del sacrificio que damos vida al mundo. Debo poder contar contigo para extender el fuego de mi caridad por toda la tierra. La caridad crece a medida que disminuye el amor propio.

Sé generosa. Hay algunas gracias que puedo concederte solo si eres una mujer de sacrificio. Hay algunas almas a las que puedes convertir solo si estás desapegada. Hay algunas alegrías que sólo puedes conocer si estás unida a mí en la cruz. Todas las almas santas que realmente han hecho el bien en sus vidas han sido mujeres de mortificación.

¿No es verdad que hay algunos sacrificios que lógicamente no puedes pedir a las almas, si primero no las has hecho tú misma? El espíritu pagano retrocede a medida que crece el espíritu cristiano, que es el espíritu de la cruz. No te asustes con el pensamiento de la cruz, porque mi gracia está ahí para sostenerte. Soy yo quien sufre en ti y hace que tu sufrimiento sea fructífero. No retrocedas ante un sacrificio que se te pide. Mi padre solo trata de podar aquello que evite que mi savia se propague a través de ti y te haga fructífera. No te pido mortificaciones extraordinarias. Sin embargo, existen pocas mortificaciones que interfieran con tu ventura y el deber de tu estado de vida, que podrías y deberías llevar a cabo.

Estad vigilante. Mientras estés en la tierra, no estás confirmada en gracia. Recuerde mi exhortación: "Velad y orad para que no entréis en tentación; el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil." Sí, yo sé que estás bien dispuesta. Sin embargo, no te consideres más fuerte que los demás. Sé humilde, sé prudente. Mortificate a ti misma.



(Adaptado y traducido de: "Before His Face")
Domingo, 04 de Agosto del 2019

LA FUERZA DE TU AMOR

Si la gracia de Dios no te hubiera iluminado y atraído hacia Él, tú habrías sido como el necio que, después de toda una noche caminando por la orilla del río sin advertirlo, a causa de las densas tinieblas que lo rodeaban, al despuntar la luz que le advierte del peligro en que se ha encontrado, despreciando la luz, continúa el camino desafiando el peligro. ¡Desgraciado!, en cualquier momento la orilla se termina bajo sus pies, cae y se ahoga.

También tú recorriste durante una buena parte de la noche la senda del precipicio; pero la gracia de Jesús fue tan poseedora que no se limitó a iluminarte y advertirte del peligro real que hasta ese momento habías corrido, sino que quiso hacer algo más contigo: atraerte hacia Él, sin privarte de tu libre albedrío, con la fuerza del amor.

Esta fuerza amorosa tú la sentiste y no pudiste hacer otra cosa que darte por vencida. Ahora bien, Jesús podía haberse comportado contigo como la luz se comportó con aquel infeliz: pero no, su piedad te quería para Él. Observa los amorosos modos de tratar de este buen Padre: desde entonces con afecto realmente admirable no te dejó un solo instante. Él está siempre a tu lado, te gobierna, te cuida, te sostiene, para que tu voluntad no sucumba ante los enemigos que te asaltan por todas partes.




(PADRE PÍO)
Viernes, 02 de Agosto del 2019

MATERNIDAD ESPIRITUAL Y ORACIÓN

El don de la maternidad espiritual es uno de los mayores dones de Dios para las mujeres.

Dios formó a María para traer a Jesucristo al mundo. Ella se convirtió en Madre del Sumo Sacerdote Eterno, pero la Encarnación también preparó el escenario para su maternidad espiritual de todos los sacerdotes que lo seguirían. Al pie de la cruz, Jesús confió a todos los sacerdotes a su madre a través de Juan el Apóstol. El amor de María por Jesús y Juan se entrega hoy a todos los sacerdotes, y durará toda la eternidad.

Ser una madre espiritual es una forma sobrenatural de cuidar las almas, especialmente la de los sacerdotes. Es un tipo de maternidad que nutre la vida divina en otros al hacer la voluntad de Dios. La maternidad espiritual está abierta a todas las mujeres católicas, independientemente de su edad, estado de vida o vocación. "Este tipo de maternidad no es solo para las consagradas y madres de familia, sino que también es posible para una chica soltera, una viuda o para alguien que está enferma".

Teológicamente hablando, la maternidad espiritual es un tipo de maternidad que las mujeres experimentan por gracia, dentro de su llamado a la santidad, en imitación a María, la Madre de los Sacerdotes. Este tipo de maternidad "según el Espíritu" se hace posible al participar en la maternidad espiritual universal de María. 

El Espíritu Santo y María trabajan juntos para formar madres espirituales.

Una madre espiritual desea ser formada por el Espíritu Santo en el molde de María, que es el modelo de la virtud femenina. Como escribió el arzobispo Luis M. Martínez: "Dos artesanos, el Espíritu Santo y la Santísima Virgen María, deben coincidir en la obra que es a la vez la obra maestra de Dios y el producto supremo de la humanidad. Tanto el Espíritu Santo como la Virgen María son necesarios para las almas, porque son los únicos que pueden reproducir a Cristo". La maternidad espiritual es un don del Espíritu Santo y se caracteriza por nueve virtudes Marianas: Fe, Esperanza, Amor, Humildad, Coraje, Alabanza, Gratitud, Magnanimidad y Sabiduría. 


Las madres espirituales transmiten la vida espiritual a los sacerdotes a través de su comunión con Jesús, el Sumo Sacerdote Eterno, y María, la Madre de los Sacerdotes.

Es a través de los ríos de gracia sacramentales que una mujer, como hija de la Iglesia, recibe su vida espiritual. A su vez, ella, como madre espiritual, se convierte en un recipiente de la gracia que da vida. Una madre espiritual se encuentra con el Eterno Sumo Sacerdote en la Eucaristía y luego, como María, lleva a Cristo a los demás, ofreciendo oraciones y sacrificios en el camino. A los sacerdotes, ella refleja a María. La vocación a la maternidad espiritual de los sacerdotes está en el corazón de la Nueva Evangelización, ya que por la intercesión de las madres espirituales se obtienen gracias para renovar a los sacerdotes y fortalecerlos en la difusión del Evangelio.

El Señor llama a  todas las mujeres  a imitar a María como madres espirituales de almas. 

Por designio de Dios, todas las mujeres están llamadas a contemplar a la Virgen María como Madre de Jesús, Madre de la Iglesia, Madre de Gracia, Madre de sacerdotes y Madre de toda la familia de Dios. Dios creó a todas las mujeres con una dignidad femenina única y el potencial de llevar la vida, tanto física como espiritualmente. Las madres espirituales son mujeres de la Iglesia, mujeres de gracia y mujeres de virtud mariana, la más grande de las cuales es la caridad. El amor por su naturaleza es entregarse a sí mismo, y las madres espirituales se ponen al servicio del plan de Dios para la salvación de las almas. La maternidad espiritual incluye dolores de parto, pero la ofrenda de sufrimiento en unión con Jesús trae nueva vida para los sacerdotes, las familias y el mundo entero. Y aunque las buenas obras de las Madres Espirituales pueden expresarse en muchos ministerios diferentes, la oración, especialmente dentro de la celebración de la Eucaristía, es una de las mejores maneras en que la Maternidad Espiritual puede dar frutos y ser efectiva. A continuación, algunas recomendaciones en oración para las madres espirituales: 

  • Adoración eucarística ante el Santísimo Sacramento.
  • Rezar la liturgia de las horas, especialmente la oración de la mañana (laudes) y la oración de la tarde (vísperas)
  • Rezando el santo Rosario.
  • Haciendo comuniones espirituales durante todo el día (con la intención de desear participar en la Sagrada Eucaristía- Santa Misa) 
  • Ofreciendo trabajo y sacrificios.
  • Haciendo penitencia y reparando los pecados de las personas.
  • Una Madre Espiritual adopta espiritualmente a un Sacerdote y promete orar diariamente:
  • El Ángelus (con la intención de hacer la voluntad de Dios en su vida)
  • Un Memorare (con la intención de confiar su sacerdote adoptado a María)

La Confraternidad de la maternidad espiritual es fiel a las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia Católica y fue creada para el Honor y la Gloria de Dios y la Salvación de las Almas. 

“Vivamos por las almas, seamos apóstoles, salvemos especialmente las almas de los sacerdotes... Oremos, suframos por ellos y, en el último día, Jesús te lo agradecerá ". Teresita de Lisieux

“Un carmelita es quien comparte la Madre de Cristo con las almas. Su papel y misión en la Iglesia es ser una madre espiritual, sobre todo de los sacerdotes y de todas las almas ”. Teresa de Jesus (Avila)




(Fundación de Maternidad Espiritual para los Sacerdotes)
Viernes, 26 de Julio del 2019 

LA PRÁCTICA DEL SILENCIO PARA LOS LAICOS

Silencio. Es una palabra que es a la vez atractiva y aterradora. Es una palabra que puede connotar paz y calma, o un aislamiento aterrador.

Si bien a algunos les puede parecer atractiva la idea del silencio, la verdad es que a la mayoría de nosotros no les va bien con el silencio perfecto. ¿Alguna vez te sentaste solo en una habitación, solo para escuchar sonidos que nunca antes habías notado? El tictac de un reloj. El silbido del aire moviéndose a través de los conductos. El zumbido de un refrigerador. Una cortadora de césped corriendo en la distancia. Todo sonando un poco desconcertante.

Pero quizás lo que más tememos del silencio es estar solos con nuestros propios pensamientos. Cuando nos enfrentamos a un verdadero silencio, comenzamos a escuchar la loca y caótica corriente de pensamientos que llenan nuestras mentes. Las ansiedades, los anhelos profundos, las preguntas dolorosas parecen venir a la superficie de nuestra conciencia, y eso nos hace sentir incómodos.

Tememos esta confrontación con nuestro ser más íntimo, la lucha con la complejidad de nuestros corazones. Así que nuestra tendencia natural es ahogar el silencio con ruido constante. Solo en el coche, encendemos la radio. En casa, los televisores funcionan constantemente, no para que podamos verlos, sino para un "ruido de fondo" reconfortante. Un momento de repuesto en la línea se llena con la comprobación compulsiva de nuestros teléfonos móviles. ¡Cualquier cosa menos el silencio!.

El silencio y los santos

Sin embargo, a pesar de la naturaleza inquietante del silencio, innumerables santos lo han aconsejado como una práctica necesaria e indispensable para crecer en la verdadera santidad.

"En silencio y en recogimiento, el alma devota avanza en virtud y aprende las verdades ocultas de las Escrituras", dice Thomas Kempis. "Protéjase de hablar mucho", aconseja San Doroteo de Gaza," porque hace volar los pensamientos devotos y el recuerdo en Dios". San Maximiliano Kolbe declara que: "el silencio es necesario, e incluso absolutamente NECESARIO". Si falta el silencio, entonces falta la gracia."  Se podrían dar más ejemplos...

A través de los siglos, muchas órdenes religiosas han puesto en práctica estos consejos, y no pocos han prescrito el silencio en varios grados en sus reglas. Quizás el más famoso y estricto de estos pedidos sea el cartujo. Su silencio disciplinado es tan conocido que una película documental sobre ellos se titula: “El gran Silencio”

¿Pero por qué?

Sin lugar a dudas, todos los grandes santos, místicos y maestros espirituales prescriben el silencio como un medio seguro para la santidad. ¿Pero por qué? ¿Qué tiene de especial el silencio?

Es importante entender que el silencio, como todas las herramientas de la vida espiritual, no es un fin en sí mismo. Es un medio, un método para llegar a conocer a Jesucristo. El silencio es necesario porque nuestros intelectos están heridos y fracturados por la Caída. La comunión con Dios, nuestro Creador, alguna vez fue natural y fácil, como lo hace ahora ver o escuchar. Estábamos constantemente conscientes de su presencia. Pero ahora, el pecado ha interrumpido esta comunión y ha dañado nuestra capacidad de conocer a Dios en el nivel más profundo de nuestro ser.

Nuestro intelecto fracturado, una vez perfectamente en control, ahora es una tormenta caótica de pensamientos, sentimientos y emociones— como una nube inquieta de mosquitos en una calurosa noche de verano. Calmar esta tormenta espiritual y emocional es increíblemente difícil, y la única forma de lograrlo es enfrentarlo de cara. Esto solo lo podemos hacer cuando estamos lo suficientemente tranquilos como para escuchar cuán caóticas son realmente nuestras almas. De hecho, esto puede ser aterrador, y preferimos no hacerlo— pero hacerlo es absolutamente esencial para el progreso espiritual.

Además, el silencio es necesario para escuchar los impulsos del Espíritu Santo y para recibir y preservar la gracia. Dios no grita. Habla en voz baja y suavemente, "en voz baja y escasa".(1 Reyes 19: 11-12). Los impulsos del Espíritu Santo nunca se escuchan en la actividad ocupada y ansiosa, sino en la quietud y la tranquilidad del corazón.

El silencio también nos ayuda a preservar las gracias que Dios nos envía. Los buceadores son cuidadosos y lentos con sus movimientos para no desperdiciar innecesariamente sus preciosas reservas de oxígeno. Del mismo modo, las almas santas hablan con cuidado y prudencia para preservar su reserva de gracia.

Cómo practicar el silencio

Ahora, puede que te estés preguntando cómo sería posible que un laico con un trabajo y tal vez una familia practique la virtud del silencio. ¡Sé que nuestros esposos o esposas  no apreciarían que nosotros empecemos a gesticular con señales monásticas en lugar de hablar! Pero si bien la práctica del silencio para un laico puede parecer diferente que para un monástico, todavía es posible e incluso aconsejable. Aquí hay algunas sugerencias prácticas.

La primera forma de practicar el silencio es abstenerse de hablar frivolidades, dándose cuenta de que “cuando las palabras son muchas, no falta la transgresión” (Proverbios 10:19). Es decir, no hables por hablar. Las redes sociales alientan especialmente el discurso perdido e incitante. Por ejemplo, personas hablando sobre problemas digestivos, cosas privadas e intimas. Hablando con declaraciones ambiguas, misteriosas y ocultos para llamar la atención. Y cosas por el estilo. (Yo realmente me pregunto si vale la pena). Si estás tentado a participar en este tipo de discurso, no lo hagas. Habla solo cuando tengas algo que valga la pena decir.

Segundo, el silencio puede practicarse restringiendo nuestras lenguas cuando deseamos quejarnos. Quejarse es lo contrario de gratitud y acción de gracias, y en realidad es un pecado. Es muy fácil quejarse de una comida, de una persona grosera o del clima. ¿Pero esto contribuye al bienestar de alguien? Aguanta la lengua a menos que tengas algo loable que decir.

En tercer lugar, podemos practicar el silencio absteniéndonos de compartir nuestra opinión sobre cada tema imaginable. Cada vez que surge una crisis en el ámbito nacional o mundial, parece que todos en todas partes declaran de inmediato su opinión infalible sobre el tema. Pero la verdad es que muchos de nosotros no entendemos muy bien estos eventos, y el mundo no necesita más opiniones. Mantén tu opinión para ti mismo (aprendamos a guardar como  María) y serás considerado el más sabio para ello.

Cuarto, podemos resistir el impulso de llenar cada momento libre con ruido. Si estás conduciendo, intenta dejar la radio o la música apagadas. Si estás en casa, deja la televisión apagada. Evita revisar tu teléfono sin antes pensar, en momentos libres. La vida está llena de momentos en los que podemos estar en silencio. Aprovechemos las oportunidades.

Finalmente, podemos guardar silencio cuando deseamos criticar (Juzgar) a los demás. ¡Qué fácil es darse cuenta de las faltas de los demás! Y es aún más fácil repetir estas faltas, verdaderas o no a otros, desgarrar a las personas y dañar su reputación, aunque solo sea para sentirnos mejor. "Para demostrar la verdad". Nuevamente, no participemos en ello. Aunque te tildan de santurrón. No participes en el mismo pecado, y reza por esas personas. Mantener el silencio cuando sentimos la necesidad de criticar es difícil, pero también da vida, paz, y nos ayudará a mantener el recogimiento.

Conclusión 

"La lengua se coloca entre nuestros miembros como un mundo de iniquidad", dice Santiago en (3, 6) Las palabras tienen poder, aunque no se ven, y lo que decimos se hará eco en la eternidad. Si bien no somos monjes de clausura, podemos aprender a practicar el silencio en el estado al que Dios nos ha llamado, restringiendo nuestras lenguas sabiamente para que podamos escuchar la voz de Cristo y conocerlo mejor.



(Por: Mi Amigo Católico)
Miércoles, 17 de Julio del 2019